Tel. Centro:
(011) 4805 8033


Tel. Maschwitz: (03484) 444884

Campamento Champaquí

En abril de 1996 los alumnos de 7º grado del Colegio San Pablo subieron por primera vez a la cumbre del cerro Champaquí, acompañados y atendidos espiritualmente por el padre Ángel Armelín. A varios años de aquella experiencia fundacional, otros grupos de chicos que también cursan 7º grado pueden revivir tantos años de anécdotas y de una cierta mística que sólo puede ser entendida en su real magnitud por quienes tuvimos la suerte de estar allí.

Tras un momento de oración en la Capilla y luego de recorrer cientos de kilómetros hasta llegar a Villa Alpina, albergue que sirve de base antes de comenzar a escalar el cerro, nuestro lema fue “Con la ayuda de María instauremos todo en Cristo”. Todo un canto de esperanza para darnos aliento ante el cansancio de las largas caminatas, la dureza de cada piedra en el camino y, sobre todo, una sonrisa siempre pronta que caracterizó nuestra estadía en la montaña.

Pero, ¿cómo definir más en profundidad lo que significa el Champaquí? Supongo que habrá tantas respuestas como “expedicionarios” que lo hayan visitado. En mi caso es un sinónimo casi obligado de AMISTAD, camaradería, momentos de íntimo RECOGIMIENTO ESPIRITUAL, CONTEMPLACIÓN de la naturaleza, desinteresada SOLIDARIDAD, sana diversión y mucho agotamiento físico. Es remojarse los pies y la cara en las frías aguas del río Tabaquillo y mirar al Cielo para agradecerle a Dios la posibilidad de estar rodeado por tanta belleza. Es poder asistir a Misa cada día en un lugar distinto, único, y mucho más lindo que el anterior. Y es, como bien dicen, “una escuela de vida que desde la austeridad y la falta de comodidades” nos obliga a valorar nuestro presente, agradeciéndolo con sinceridad, ya que absolutamente nada de lo que tenemos debería ser considerado como “tan normal”.

Los habitantes del cerro parecen “personajes” de un libro de cuentos. Son silenciosos, educados y muy trabajadores. Saben muy bien lo que cuesta cada una de las cosas que tienen, y por eso las cuidan en exceso. El agua potable, unas pocas ovejas, una garrafa de gas… todo adquiere un valor extraordinario en aquellos parajes de tan difícil acceso.

Además de un grupo humano excepcional, rescato un divertidísimo campeonato de fútbol a orillas del río, a los “corajudos” que a pesar de la baja temperatura del agua se bañaron en los piletones, los asados que nos prepararon con tanto esmero en los puestos López y González, los trucos que rápidamente pusieron a la vista a los más tramposos jugadores, y las largas y distendidas charlas que se confundían con alguna guitarreada.

En suma a todos -grandes y chicos-, mil gracias por dejarme participar por tercera vez de esta experiencia tan enriquecedora. Ojalá estas pocas líneas alienten a más padres a sumarse al Champaquí.
Creo, sinceramente, que son oportunidades muy especiales, casi únicas. Y que no hacen otra cosa que fortalecer los vínculos con nuestros propios hijos y con sus amigos.

Pancho Duncan