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Pbro. Luis María Etcheverry Boneo

Eucaristia

“Instaurare Omnia In Christo”

El Padre Etcheverry Boneo
fundador del Colegio San Pablo

 

El Proceso de Canonización

El proceso de canonización en la Iglesia es fundamentalmente un proceso sobre la fama de santidad de algún fiel cristiano. Se trata de examinar la vida de un hombre que se enamoró de Dios. Si ese amor culminó con la sublime gracia del martirio todo es más fácil y más corto. Porque se centra, sobre todo, en el examen de ese momento en que se entrega la propia vida como testimonio de la fe y el amor a Cristo.   Si no hubo martirio se examinará cómo se fue entregando la propia vida al Señor, gota a gota, en la práctica de todas las virtudes de un modo heroico, es decir, superior al de los buenos cristianos.

Para ello, la Iglesia establece que haya una consulta a Obispos y otra al Pueblo de Dios. Y, de acuerdo al resultado de ellas, que se examinen los escritos editados por el candidato, por parte de dos censores teólogos. El paso siguiente será la reunión de los escritos inéditos y los documentos que se refieran al Siervo de Dios, por medio de los peritos teólogos e historiadores designados. Ellos deberán indicar también la fisonomía moral que se desprenda de tales escritos. Asimismo, se deberá requerir a la Santa Sede el Nihil Obstat para la prosecución de la causa. Y se deberá nombrar un Tribunal para que reciba el testimonio de las personas que conocieron al Siervo de Dios. Terminado así el proceso en el ámbito diocesano, se deberá enviar todo él a la Santa Sede. Allí serán examinadas las actuaciones y, si se cree oportuno, se presentará la causa al Santo Padre para que dé el Decreto de Heroicidad de las virtudes.

Con ello el Siervo de Dios pasa a ser Venerable. Pero, la legislación señala como previo a la beatificación la verificación y aprobación de un milagro. Y para la canonización se pide otro milagro más, a los efectos de que Dios ratifique, de esa forma, la presencia en el Cielo, con poder de intercesión, de quien hasta entonces era considerado Venerable o Beato.

Esto es, en brevísima síntesis, el proceso; que suele durar bastantes años si se trata de personas que murieron a una edad relativamente avanzada y tuvieron una notable actuación en el seno de la Iglesia y la sociedad.

Este es el caso de nuestro muy querido Padre Luis María Etcheverry Boneo, Fundador del Colegio San Pablo, fallecido en 1971 en el Sanatorio Hospital San Pedro para sacerdotes de Madrid, donde pasó la última semana de su vida, siendo un ejemplo de virtudes heroicas para las personas que recién lo conocían. El Padre gozó, sin que él lo percibiera, de notable fama de santidad durante su vida, entre las personas que lo conocieron y trataron. Y esa fama ha ido aumentando con el correr de los años por el bien espiritual que se obtiene por las versiones de sus escritos inéditos; y por los favores, sobre todo espirituales, que se reciben, atribuidos a la invocación privada de su intercesión.

En cuanto al estado del proceso: se realizaron en forma sucesiva las dos consultas indicadas en primer lugar; también se obtuvo un dictamen favorable de los censores teólogos sobre los escritos del Padre, editados antes de su muerte; se designaron y se encuentran trabajando los peritos que deben reunir los escritos inéditos y documentos; y se designó un Tribunal para recibir la declaración de testigos, comenzando por los de mayor edad. Por otra parte, se han realizado estampas, con una oración, aprobada por la Autoridad Eclesiástica, para pedir gracias en privado al Padre Luis María Etcheverry Boneo. Y, al respecto, se ruega que dichos favores o milagros sean comunicados al postulador de la causa, Mons. José Bonet Alcón, Vicente López, 1639, (1018) Buenos Aires. Sin querer, en modo alguno, prevenir el juicio de la Autoridad Eclesiástica y evitando toda apariencia de culto público -como lo muestra, entre otras cosas, el que seguimos nombrando al Padre en el memento de difuntos de muchas de nuestras Misas- sin embargo, parece oportuno en el presente, de acuerdo a la Providencia de Dios y para su mayor gloria y bien de las almas, el que difundamos las enseñanzas del Padre, tratemos de imitar sus virtudes y le pidamos su ayuda, en forma individual y privada, para nuestras necesidades espirituales y materiales.

 

Mons. José Bonet Alcón